Hasta donde me preocupé por mis metas, hasta donde me preocupé excesivamente por el otro, hasta donde me preocupé por lo que quiero de mis segundos cortos. Hasta donde, dejé caer mí autoestima, por una valoración que no merecía ser asimilada con tal magnitud, hasta donde fui excesivamente del otro, y hasta qué punto, pensé en mí.
Fui excesivamente noble, o excesivamente indiferente.
Permití, que entraran a mí espacio personal, a conocidos desconocidos con buenas intenciones... Que hicieron preguntas que no tenían derecho realizarme, o por el contrario asustado, decepcionado, ante tantos golpes cotidianos, mantuve en la distancia, a un amigo que venía hacia mí, con bandera blanca. Sin percatarme, agredí, y lastimé, a quien venía a suturar las mil dos heridas, que llevo por dentro, fui amigo de todos, menos de mí mismo, me propuse metas largas, debo aprender a proponerme metas cortas, me exigí más de lo que podía lograr, o no valoré lo que había logrado hasta el momento, porque un escalón que avance, por mérito propio, es un logro muy mío, que no me regalo nadie.
Me preguntaré, soy el resultado de todo que intenté, o soy el resultado de todo lo que imito, exteriorizo en el exterior lo que habita en mí interior, o lo que exteriorizo cotidianamente, no se corresponde, con lo que respira en mí interior, aprenderé a exteriorizar poquito a poco, todo lo que realmente habita en mí interior, porque dentro de mí, existen muchas cosas buenas, que a veces hasta yo, desconozco que existen, o no acepto que existen, o que puedo lograr, en mí interior habitan sueños dormidos, detalles dormidos, que necesito despertar con urgencia.
Aprenderé a no sentirme ridículo, por la necesidad que experimento, de regalar un poema, una rosa, aprenderé a interiorizar, que no soy ridículo, soy auténtico, soy tierno, no soy débil, porque delicadeza y debilidad no son sinónimos, aprenderé a mirarme, a valorarme como una gota de agua, como una gota de miel, porque en estos tiempos, ambos son muy escasos, pero muy apreciados.
Aprenderé a perdonar, a todos los que me decepcionaron una y otra vez porque el perdedor no fui precisamente yo, él, o ellos, perdieron un amigo, en cambio mí cicatriz ganó en experiencia, aprenderé a reconocer, todo lo que no logré, aceptaré mí error, porque cuando acepte mis errores, sabré, donde está mí lado débil, sabré, como cuando, y donde superarlo.
Aprenderé a reconocer, sin sentirme culpable, donde fallé, para que esa vivencia no se repita otra vez, despediré el día, con un abrazo de verdad, con un te quiero de verdad, despediré el día, orgulloso de mi edad, de lo que soy, y a las cicatrices inmerecidas que obtuve, durante 24 horas, les diré gracias por enseñarme tanto.
Empezaré el día, amándome primero a mí mismo, porque si no me demuestro amor, no podré, demostrar amor a mí prójimo, empezaré el día, diciéndome me quiero, para poder demostrarte te quiero.
Colaboración de Lauraliens
Cuba